Mientras coordinaba mis visitas a la endocrina y al ginecólogo dejé los test de embarazo porque me deprimía con cada test negativo. Además, al tener ciclos irregulares, tampoco me servían de mucho. Me pasé a los test de ovulación y posteriormente a los test de fertilidad (en mi caso, me compré el aparatito de clearblue y me hacía varios "test" de fertilidad al mes para controlar cuándo ovulaba -si lo hacía- y así saber los días "óptimos" para concebir).
Cuando las cosas no son como uno esperaba todo, creo que se corre el riesgo de "protocolizar" la relación y perder de vista la intimidad que debe haber en toda pareja. Por aquel entonces nos planteamos hasta dónde íbamos a llegar en caso de que el embarazo no llegara. Creo que es un paso a tener en cuenta porque sinó es fácil que, una vez se consulta una clínica de fertilidad, se pierda el norte y se esté dispuesto "a todo" por concebir.
Justo antes del verano del 2010 el ginecólogo nos recomendó que nos planteáramos acudir a una clínica de fertilidad para informarnos. Al menos para ver qué posibilidades teníamos de un embarazo "natural". Quiero destacar que la fertilidad no es cosa de uno (bueno, salvo un caso de infertilidad total por parte de uno de los 2) sino que es la suma de la fertilidad del hombre y de la mujer (es decir: una mujer fértil puede conseguir un embarazo aunque su pareja tenga algún problema de fertilidad y viceversa).
Decidimos tomarnos las vacaciones para pensar qué íbamos a hacer... así que disfrutamos de nuestras vacaciones de verano y...
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